Al contrario que el perro de Águeda, me llamo Nano por Fernando. Y no por Fernando Alonso, pues según tengo entendido soy unos años mayor.
El tema es que el tiempo libre lo ocupo preparando oposiciones. Podría ocuparlo en cualquier otra cosa, como ir de pesca, pero yo prefiero las oposiciones. No es por nada en particular, pero como soy un estudiante de carrera frustrada, intento sacarle así partido a la necesidad de estar siempre pegado a un libro.
Ahora bien, no crean que tengo tanto tiempo libre como para preparar tres oposiciones, o más. Todo lo contrario. Quizá me sobren 15 minutos al día.
Quince minutos no suelen darme para más que para leer dos artículos de la Constitución, si son pequeños, o uno, en caso de que sea grande. Pero el fin de semana es otra cosa. Y es aquí a dónde quería llegar: como el fin de semana es otra cosa, por supuesto tengo que hacer algo distinto a estudiar la Constitución o cualquier otra ley del "Ordenamiento Jurídico Español". El fin de semana es para divertirse. Si no se trabaja, tampoco se estudia.
El fin de semana del verano es para los chiringuitos con amigos, y el fin de semana del invierno es para las partidas de cartas. Con los amigos, no los olviden. Y hablando de amigos, ¿para qué están los amigos? Pues para prestarte cosas que luego no les vas a devolver porque ya estarán viejas, para mosquear a sus novias, para hacer fiestas y botellones, ir a conciertos, ver los partidos, las motos, la f1 y aprovechar cualquier oportunidad para armarla gorda. Un verdadero amigo es aquel que te presta dinero y no te lo reclama, te hace favores y no te pide nada a cambio, y no te pide nada porque sabe que eres un desastre y que no hay nada que sacar de ti. Eso es un amigo, el resto son interesados.
Las novias de mis amigos no son mis amigas. Son como Sargentos dando instrucciones militares de cumplimiento estricto e inmediato: '¡No puedes ir con Nano!', '¡no le des dinero a Nano!', '¡no quiero ver a Nano por casa! ¿Me oyes?'. ¿Cómo no la va a oir? ¡Con lo que grita! Que parece que nació con un megáfono en lugar de una boca.
En fin, menos mal que mis amigos son de personalidad fuerte y no se dejan doblegar. Al final siempre consiguen escaparse: 'Que si cariño, que seguro que tardo porque mi madre quiere que la lleve al cementerio a cambiar flores, y luego tendré que ayudarle a mi padre a pulir el mueble de la sala y darle la primera capa de barniz. Si se me hace tarde, te llamo para decirte que me quedo con los viejos, por lo de no conducir bajo los efectos de los vapores del barniz'. Y claro, bajo unos efectos estará, pero no del barniz, sino del calimocho de botellón que habíamos planeado una semana atrás.
Después de leer todo esto, es fácil entender porque ellas son así, y porque yo soy un estudiante de carrera frustrada, que solo dedica 15 minutos al día de lunes a viernes a estudiar para una oposición.
NOTA: todos los datos aquí desvelados son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad.
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